Una para todos

JATIBONICO, Sancti Spíritus.— «Lo más importante es el sentido de pertenencia. Con eso se echa pa’lante un mundo», asegura Pedro Luis Cruz con la misma firmeza con que al mirar su rebaño de carneros sabe si alguno amaneció enfermo, y con solo alzar la vista predice si va a llover.

Ha pasado muchos años con los pies pegados a la tierra: «Ya voy por 33 y 15 de esos como jefe de lote, y sigo sin moverme, porque esto no es de nadie en particular, sino de cada uno de los que tú ves doblando el lomo por ahí», alega con el brazo estirado, buscando a algunos de sus hombres tragados por el inmenso cañaveral que les rodea.

Pedro Luis Cruz ha sido testigo de la historia de la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Argelio Calderón, una de las de mejores resultados de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Uruguay, destinada a Atención al Productor Agropecuario (APA), de la Empresa Azucarera Sancti Spíritus. Tanto es así que ha perdido la cuenta de las arrobas de caña que ha cargado, mas conoce al dedillo el sistema implementado para el autoabastecimiento de sus compañeros de trabajo, sus familias y otros muchos vecinos de la zona.

«Por la mañana nos fajamos con la caña y por la tarde con la producción de alimentos, con mucho ojo en los animales y en el huerto intensivo de vegetales. Empezamos con seis carneros y ya han salido más de 500», relata.

Vida por la guardarraya

Este hombre con huellas del paso del tiempo en su cara y sus manos, resume en esa frase el diarismo de su UBPC, a la vanguardia del resto de las 21 unidades productoras de la UEB APA Uruguay: Viven en la guardarraya. Ya no piensan solo en cómo aportar con calidad cuando pite el coloso jatiboniquense, sino que han aprendido a hacer parir la tierra para que lleguen productos con variedad y calidad a las mesas de sus familias y a cientos de sus vecinos.

«En Azcuba se trabaja en la producción de alimentos. Con mucho esfuerzo nos autoabastecemos y beneficiamos a 16 comunidades con 32 asentamientos. Aún no todas están al nivel de la UBPC Argelio, donde ya la entrega de las 30 libras per cápita es un hecho materializado», explica Ideglys Teresa Meneses, jefa del departamento de Atención al Productor Agropecuario, en esta UEB.

Sentada en el cómodo ranchón donde los trabajadores se alimentan con seis variedades de productos, ubicado detrás de una sencilla cocina, al lado  de las naves para aves, conejos y carneros, ella sigue el rastro de un sistema de trabajo que ya ha demostrado frutos sustanciosos.

«Alrededor del macizo cañero, en un radio de acción pequeño, contamos con estas construcciones que facilitan las jornadas laborales. En cada lote hay frutales, plantas exóticas y plantaciones de viandas y granos. Lo que más atrasado tenemos es el tema cárnico. Pero ya hemos logrado armar módulos pecuarios».

Caminar por cualquiera de los tres lotes de la Argelio es como recorrer un libro de botánica: «Donde hay un margen, lo aprovechamos e intercalamos cultivos de ciclo largo y corto. Incluso sembramos una presa con 50 000 alevines. Siempre estamos buscando todas las variantes para llevar comida a la mesa, que es lo que está buscando el país. Así hemos dejado atrás el cartelito de que éramos el peor municipio espirituano en el tema del autoabastecimiento», añade Ramón Sánchez Alemán, jefe de producción agropecuaria.

Más allá del surco

Cuando presentan a Félix Rodríguez Lago insisten siempre en que es un delegado ¡delegado! Desde hace dos décadas se le ve levantando el polvo del terraplén de su comunidad detrás de cada planteamiento o preocupación, saboreando como suyas las alegrías de la circunscripción 32 del consejo Cristales. A su juicio, la inserción de la agricultura en la parte de Azcuba para lograr las 30 libras de alimentos por consumidor resulta titánica.

«Ya podemos hablar de una producción sostenida, escalonada, y se ha implementado un sistema de comercialización de forma directa desde el campo hasta la tienda», asegura.

Entre sus tantas responsabilidades, desde la llegada de la COVID-19 ha sumado la que comparte con la administradora de la entidad de Comercio de su comunidad: mantenerse al tanto de las demandas de la población: «Cada miércoles abastecen según el pedido que les hace la compañera y se cumple con los precios aprobados por el Consejo de la Administración. Incluso si hay un producto que no tiene calidad se negocia su valor. Hoy tenemos viandas que sobran y se venden al que pase por la carretera, porque la administración gana el diez por ciento de las ventas».

Lograr esa satisfacción ha costado mucha entrega y esfuerzo. Bien lo sabe Delvys Loureiro Guardarrama, desde hace 12 años al frente de la Argelio Calderón: «Lo primero fue convencer a los 165 trabajadores de que sumarnos a la producción de alimentos era una necesidad de país. Ya hoy gozan de los beneficios; contamos con un salario medio mensual de 1 200 pesos y repartimos utilidades dos veces al año. Vamos por el 140 por ciento del plan anual de 36 000 litros de leche. Además tenemos buenos resultados con los 33 campesinos que recibieron tierras ociosas como usufructo gratuito, bajo lo establecido por la Ley 300».

Dicha constancia por el trabajo motiva el despertar diario de Ana Ivis Frómeta (natural de Imías, en Guantánamo), quien plantó bandera hace dos años en uno de los lotes de esta UBPC «buscando mejoras, y aquí las he encontrado. Se trabaja de sol a sol, pero vale la pena».

Tropiezos y sueños

Cada día significa un reto. La sequía en una zona donde los regadíos no pululan, las plagas que se empeñan en acabar con los frijoles y el maíz, y la falta de sistematicidad para entregar botas, guantes y ropa, mantienen desvelados a quienes conducen los destinos de la UEB APA Uruguay: «Hay déficit de pesticidas y fungicidas, y aún insistimos en los cuadros que no han asumido la tarea con todo el sentido de pertenencia», aclara Eddy Gil Pérez, el director.

En su oficina, en cualquier ranchón de descanso y en medio del surco, refuerza la máxima de su entidad: «Ante cada traba hay que buscar una solución».

«Nos hemos vinculado a la universidad para mejorar los productos con clones resistentes y ganar en conocimientos para el manejo de los animales. Todavía queda perfeccionar los mecanismos de entrega a programas sociales. Tenemos el recurso humano, pero no combustible. Quizá si compartiéramos la responsabilidad con el beneficiario pudiéramos llevar más de dos veces a la semana, como hacemos ahora, con diferentes alternativas», refiere Idelys Teresa Meneses, al frente de uno de los departamentos, quien dialoga directamente con el productor.

Lo que para otras entidades resulta «una cabeza de caballo» (la comercialización), en la UEB Uruguay parece haber encontrado la sincronía exacta: «Cuando Acopio está saturado, el Gobierno nos da permiso para vender en un lugar específico en la cabecera municipal, además de poder hacerlo en nuestros quioscos. Gracias a las estrechas relaciones con las máximas autoridades políticas y gubernamentales del territorio evitamos a toda costa que se nos quede el alimento en los surcos», expresa el Director de la UEB.

—¿Cuál es su mayor anhelo como líder empresarial?

—Alcanzar 1 278 000 toneladas de caña, una cifra que permite a nuestro coloso moler durante 150 días. De eso depende el sueño de todos los jatiboniquenses, de generar energía con la bioeléctrica del Uruguay y llevar, el venidero 30 de noviembre, a todas las unidades productoras al nivel de la Argelio Calderón para autoabastecer a todos los trabajadores, sus familias y 22 000 habitantes.

El aumento de salario y llevar las producciones a la mesa mantienen satisfechos a los productores de la UEB APA Uruguay.

 

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Author: Lisandra Gómez Guerra